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  • De los hijos de Quehat: a Uriel, el jefe y a sus hermanos, ciento veinte; (1 Crónicas 15, 5)

  • de los hijos de Merarí: a Asaías, el jefe y a sus hermanos, doscientos veinte; (1 Crónicas 15, 6)

  • David tomó mil carros de guerra, siete mil soldados de caballería y veinte mil de infantería; luego cortó los jarretes a todos los caballos de los carros, a excepción de cien carros que guardó. (1 Crónicas 18, 4)

  • Estos son los hijos de Leví, según sus familias paternas, los cabezas de familIa, según el censo de ellos, contados uno por uno. Estaban encargados del servicio de la Casa de Yavé desde la edad de veinte años en adelante, (1 Crónicas 23, 24)

  • Conforme a estas últimas disposiciones de David, se hizo el censo de los hijos de Leví de veinte años para arriba. (1 Crónicas 23, 27)

  • la veinte a Ezequiel; la veintiuno a Yaquim; la veintidós a Gamul; (1 Crónicas 24, 17)

  • David no hizo el censo de los que tenían menos de veinte años, porque Yavé había dicho que multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo. (1 Crónicas 27, 23)

  • Yo daré a tus siervos que se ocupen de cortar y derribar los árboles veinte mil cargas de trigo y otras tantas de cebada, veinte mil medidas de vino y veinte mil medidas de aceite: todo esto para su mantenimiento.» (2 Crónicas 2, 9)

  • La Casa de Dios que Salomón edificó tenía sesenta codos de longitud, en codos de medida antigua; y veinte codos de anchura. (2 Crónicas 3, 3)

  • El vestíbulo que estaba delante tenía una longitud de veinte codos, correspondientes al ancho de la casa, y una altura de ciento veinte. Salomón lo recubrió por dentro de oro puro. (2 Crónicas 3, 4)

  • Construyó también la sala del Lugar Santísimo, cuya longitud, correspondiente al ancho de la Casa, era de veinte codos y su anchura igualmente de veinte codos. Lo revistió de oro puro, por seiscientos talentos. (2 Crónicas 3, 8)

  • Las alas de los querubines se extendían por todo el largo, es decir, veinte codos. Cada ala tenía cinco codos; una tocaba la pared de la sala; la otra tocaba el ala del otro querubín. (2 Crónicas 3, 11)


“A maior caridade é aquela que arranca as pessoas vencidas pelo demônio, a fim de ganhá-las para Cristo. E isso eu faço assiduamente, noite e dia.” São Padre Pio de Pietrelcina