Löydetty 1991 Tulokset: hijos

  • Y así los siete, pues todos murieron sin dejar hijos. (Evangelio según San Lucas 20, 31)

  • Además ya no pueden morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido de la resurrección. (Evangelio según San Lucas 20, 36)

  • Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. (Evangelio según San Lucas 23, 28)

  • Porque llegarán días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron.» (Evangelio según San Lucas 23, 29)

  • pero a todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios. Al creer en su Nombre (Evangelio según San Juan 1, 12)

  • Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?» (Evangelio según San Juan 4, 12)

  • Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abrahán.» Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abrahán, actuarían como Abrahán. (Evangelio según San Juan 8, 39)

  • Ustedes actúan como hizo el padre de ustedes.» Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios.» (Evangelio según San Juan 8, 41)

  • y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. (Evangelio según San Juan 11, 52)

  • Mientras tengan la luz, crean en la luz y serán hijos de la luz.» Así habló Jesús; después se fue y ya no se dejó ver más. (Evangelio según San Juan 12, 36)

  • Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir. (Evangelio según San Juan 13, 33)

  • Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. (Evangelio según San Juan 21, 2)


“As almas não são oferecidas como dom; compram-se. Vós ignorais quanto custaram a Jesus. É sempre com a mesma moeda que é preciso pagá-las”. São Padre Pio de Pietrelcina