Talált 931 Eredmények: oro

  • Querían matarlo, pero llegó al comandante del batallón la noticia de que toda Jerusalén estaba alborotada. (Hecho de los Apóstoles 21, 31)

  • Pero entre la gente unos gritaban una cosa y otros otra. Al ver el comandante que no podía sacar nada en claro a causa del alboroto, dio orden de que llevaran a Pablo a la fortaleza. (Hecho de los Apóstoles 21, 34)

  • y que nadie me sorprendió discutiendo en el Templo o alborotando a la gente ni en las sinagogas ni en la ciudad; (Hecho de los Apóstoles 24, 12)

  • Como además este puerto era poco apropiado para pasar el invierno, la mayoría acordó partir, esperando alcanzar, con un poco de suerte, el puerto de Fénix, que está abierto hacia el suroeste y el noroeste, y donde pensaban pasar el invierno. (Hecho de los Apóstoles 27, 12)

  • Precisamente el padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, oró, le impuso las manos y lo sanó. (Hecho de los Apóstoles 28, 8)

  • Allí los hermanos salieron a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas, pues ya tenían noticia de nuestra llegada. Pablo al verlos dio gracias a Dios y se llenó de ánimo. (Hecho de los Apóstoles 28, 15)

  • Sean diligentes, y no flojos. Sean fervorosos en el Espíritu y sirvan al señor. (Carta a los Romanos 12, 11)

  • Yo mismo me sentí débil ante ustedes, tímido y tembloroso. (1º Carta a los Corintios 2, 3)

  • Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, caña o paja. (1º Carta a los Corintios 3, 12)

  • En cualquier competición los atletas se someten a una preparación muy rigurosa, y todo para lograr una corona que se marchita, mientras que la nuestra no se marchita. (1º Carta a los Corintios 9, 25)

  • Cuando oro en lenguas, mi espíritu reza, pero mi entendimiento queda inactivo. (1º Carta a los Corintios 14, 14)

  • Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios y no nuestra. (2º Carta a los Corintios 4, 7)


“Não nos preocupemos quando Deus põe à prova a nossa fidelidade. Confiemo-nos à Sua vontade; é o que podemos fazer. Deus nos libertará, consolará e enorajará.” São Padre Pio de Pietrelcina