Encontrados 57 resultados para: Luto

  • Efraín, su padre, les guardó luto durante mucho tiempo, y sus hermanos vinieron a consolarlo. (I Crónicas 7, 22)

  • Los oficiales lo sacaron de su carro, lo subieron a otro de los suyos y lo llevaron a Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en las sepulturas de sus padres. Todo Judá y Jerusalén guardó luto por Josías. (II Crónicas 35, 24)

  • Me acordé de las palabras del profeta Amós, hablando de Betel: "Vuestras fiestas se cambiarán en luto, y vuestros cantos de gozo en lamentaciones". Y lloré. (Tobías 2, 6)

  • vivía en una habitación que se había hecho en la terraza de la casa. Vestía un áspero sayal y siempre iba de luto. (Judit 8, 5)

  • Hubo luto en el pueblo durante siete días. Antes de morir, repartió su hacienda entre los parientes de su marido y entre los suyos. (Judit 16, 24)

  • En todas las provincias y lugares donde fue publicado el edicto del rey no había más que luto, ayunos, lloros y lamentos por parte de los judíos. El saco y las cenizas fueron el lecho de muchos. (Ester 4, 3)

  • como días en que los judíos se deshicieron de sus enemigos, y mes en que la tristeza se convirtió en alegría y el luto en regocijo. Estos dos días debían convertirse en días de banquete y alegría, haciéndose regalos unos a otros y dando donativos a los pobres. (Ester 9, 22)

  • ¡Oye mi oración y sé propicio a tu pueblo! Cambia nuestro luto en alegría, y viviremos cantando a tu nombre, Señor. No permitas que enmudezcan las lenguas de los que te alaban". (Ester 13, 17)

  • Dios todopoderoso ha querido cambiar en alegría, en favor de su pueblo escogido, el día que debía ser de luto y ruina. (Ester 16, 21)

  • Tú has cambiado mi luto en alegría, me has trocado el sayal en un traje de fiesta, (Salmos 30, 12)

  • Como por un amigo o un hermano iba y venía cabizbajo y triste, como el que está en luto por la propia madre. (Salmos 35, 14)

  • Hubo entonces un gran luto en todo Israel. (I Macabeos 1, 25)


“Há alegrias tão sublimes e dores tão profundas que não se consegue exprimir com palavras. O silêncio é o último recurso da alma, quando ela está inefavelmente feliz ou extremamente oprimida!” São Padre Pio de Pietrelcina