Talált 18 Eredmények: preocupa

  • Pero José se negó y le dijo: "Conmigo mi señor no se preocupa de lo que pasa en la casa y me ha confiado todo lo que tiene. (Génesis 39, 8)

  • Yo soy un pobre desgraciado, pero el Señor se preocupa de mí; tú eres mi auxilio y mi libertador; Dios mío, no tardes. (Salmos 40, 18)

  • Dichoso el que se preocupa del débil y del pobre, en el día de la desgracia el Señor lo salvará. (Salmos 41, 2)

  • Si miro a la derecha, nadie viene en mi ayuda; no encuentro refugio, nadie se preocupa de mí. (Salmos 142, 5)

  • Pero no le preocupa que haya de morir ni tener una corta vida, sino que rivaliza con orfebres y plateros, imita a los forjadores de bronce y se gloría de ser un falsificador. (Sabiduría 15, 9)

  • Perece el justo, y nadie se preocupa por ello. Los hombres piadosos son arrebatados, y nadie advierte que a causa del mal es arrebatado el justo (Isaías 57, 1)

  • Lo han hecho una desolación lamentable ante mí. ¡Todo el país está arrasado y ninguno se preocupa! (Jeremías 12, 11)

  • Es como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor; su follaje se mantiene verde; en año de sequía no se preocupa, ni deja de producir sus frutos. (Jeremías 17, 8)

  • la espada que tanto teméis os alcanzará en Egipto, y el hambre que tanto os preocupa os perseguirá en Egipto y allí moriréis. (Jeremías 42, 16)

  • El capitán se acercó a él y le dijo: "¿Qué haces aquí durmiendo? Levántate e invoca a tu Dios; a lo mejor ese Dios se preocupa de nosotros y no pereceremos". (Jonás 1, 6)

  • Esperabais mucho, y resultó poco; lo llevasteis a casa, y yo os lo he dispersado con mi soplo. ¿Por qué?, palabra del Señor todopoderoso. Porque mi casa está en ruinas, mientras cada uno de vosotros sólo se preocupa de su propia casa. (Ageo 1, 9)

  • Pero a mí no me preocupa mi vida ni la juzgo estimable, con tal de acabar mi carrera y cumplir el ministerio que he recibido de Jesús, el Señor, de anunciar la buena nueva, la gracia de Dios. (Hechos 20, 24)


“As almas! As almas! Se alguém soubesse o preço que custam”. São Padre Pio de Pietrelcina