Fundar 259 Resultados para: trabajo en bronce

  • Quién sabe si él será sabio o necio? Y, sin embargo, dispondrá de todo mi trabajo, en el que yo empleé mi fatiga y mi sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad. (Eclesiastés 2, 19)

  • Cedió mi corazón al desaliento respecto a todo el trabajo en que me afané bajo el sol. (Eclesiastés 2, 20)

  • Entonces, ¿qué provecho saca el hombre de todo su trabajo y de la fatiga de su corazón con que se afanó bajo el sol? (Eclesiastés 2, 22)

  • No hay más felicidad para el hombre que comer y beber y gozar él mismo del bienestar de su trabajo. Y yo considero que esto viene de la mano de Dios. (Eclesiastés 2, 24)

  • Pero el que uno coma y beba y goce de la felicidad en todo su trabajo, eso es un don de Dios. (Eclesiastés 3, 13)

  • He visto que todo trabajo y toda empresa con éxito no es más que envidia de uno contra otro. También esto es vanidad y andar a caza del viento. (Eclesiastés 4, 4)

  • Hay un hombre solo y sin compañero; no tiene hijo ni hermano; y, sin embargo, nunca cesa de trabajar, y sus ojos no se hartan de riquezas. Entonces, ¿para quién trabajo yo y me privo de bienestar? También esto es vanidad y una penosa ocupación. (Eclesiastés 4, 8)

  • Mejor es estar dos que uno solo, porque dos logran más rendimiento en su trabajo. (Eclesiastés 4, 9)

  • Como salió del seno de su madre, desnudo, así se volverá, yéndose como vino; de su trabajo no se puede llevar nada consigo. (Eclesiastés 5, 14)

  • Se comprobado que lo mejor y más conveniente para el hombre es comer y beber y gozar del bienestar en todo el trabajo en que se afana bajo el sol durante los días de su vida que Dios le ha dado, porque ésta es su parte. (Eclesiastés 5, 17)

  • Igualmente, cuando Dios da a un hombre riquezas y hacienda y le permite disfrutar de ellas, tomarse su parte y gozar de su trabajo, eso es un don de Dios. (Eclesiastés 5, 18)

  • Todo el trabajo del hombre es para su boca; y, con todo, sus deseos nunca se sacian. (Eclesiastés 6, 7)


“Peçamos a São José o dom da perseverança até o final”. São Padre Pio de Pietrelcina